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El estres en adolescentes

Muchas chicas comen cuando reciben una mala noticia o si un chico les rompe el corazón, llenan su estómago de comida chatarra, porque sienten que los alimentos con azúcar les dan tranquilidad. Este es un hábito difícil de romper, sobre todo porque la vida puede ser muy estresante por un millón de razones. Pero lo que tenes que tener en cuenta es que la sensación de calma es temporal y una vez que desaparece, te provoca más depresión aún y las calorías con el estres, no son saludables para tu cuerpo.

Calorias liquidas diarias

Vos pensás que las gaseosas, jugos, cafés con crema y chocolate o los licuados son sólo bebidas, pero muchas de éstas tienen tantas calorias diarias como una porción de torta io incluso un plato de comida entero, Además, están cargadas de azúcar que pueden causarte más hambre y hacer que te la pases comiendo todo el día.

Cómo te afecta el exceso de peso

Tener sobrepeso u obesidad puede causarte apnea de sueño, un trastorno de respiración durante la noche que te impide conseguir el sueño profundo que tu cuerpo necesita. Tener exceso de peso significa que los órganos de tu cuerpo tienen que trabajar más para hacer todo, desde subir escaleras y respirar hasta bombear la sangre del corazón. Esto te puede dejar agotada. Al subir de peso, tu ciclo hormonal se sale de control. Esto puede ocasionar que tu menstruación sea irregular, te salga acné y que tengas crecimiento adicional de pelo en tu rostro, pecho o espalda. Casi el 20 % de los adolescentes obesos tiene más azúcar en la sangre. En 10 años esto puede convertirse en diabetes tipo 2.

Mi familia no tiene habitos saludables

Yo solía bailar, lo cual era un excelente ejercicio, pero lo dejé cuando entré a la secundaria, porque la carga horaria y de tareas era muy grande. Fue así que terminé comiendo más, porque vivía estresada. Mi mamá encima casi nunca cocina, calienta comida que compra congelada o llama aun delivery. En mi casa nunca comemos frutas o verduras y estamos demasiado ocupados para darnos cuenta. Esto cambió cuando mi ropa dejó de entrarme a principios de año. Calculé mi índice de masa corporal y me dio que estaba con sobrepeso. No podía creerlo. Eso me obligó a observar mis habitos y descubrí que tener cerca tanta comida chatarra era un peligro.

Le pedí a mi mamá que cuando fuera al supermercado comprara alimentos saludables, como pollo sin piel y verduras. También empecé a compartir con mis amigas recetas riquísimas y rápidas. Ahora tengo un índice saludable y sumé a mis rutinas un poco de ejercicio. Antes me ponía objetivos con plazos y casi siempre a mitad de camino me quebraba y me comía todo. Ahora sé cuál es el verdadero secreto: me concentro en las pequeñas cosas que hago cada día y eso me hace sentir mucho mejor.

Comer distraida causa problemas

A todas nos pasó alguna vez: estás hablando con tus amigas o viendo la serie Vampire Diaries y de pronto tu mano está en el fondo de un paquete de papas fritas. Cómo pasa esto. Es que es imposible que tu cerebro le ponga atención a tu estómago cuando dice basta! si estás distraida haciendo otras cosas.

Porciones grandes

Por la manera en que se empaquetan y se sirven los platos en muchos lugares es muy fácil que comas de más. Una gaseosa de 600 ml es en realidad dos porciones. En algunos restaurantes te dan platos que deberían ser para compartir. Pero cuando los ves son tan ricos que es lógico que quieras comértelo todo. El tamaño de la porción es súper importante, porque los excesos nunca son buenos.

Saltarse el desayuno

Muchas chicas tienen la idea equivocada de que evitar el desayuno es una manera fácil de reducir calorías. Pero lo primero que comes en el día es lo que pone tu metabolismo en marcha. Estudios recientes demuestran que las chicas que desayunan generalmente son más saludables. Además, esto ayuda a que no te des atracones de comida chatarra o golosinas.

Usaba la comida para ocultar mis problemas

En la secundaria no tenía amigas, entonces comencé a usar la comida para distraerme y no sentirme tan triste. No tenía novio ni mejor amiga para ocupar mi tiempo libre, así que después del colegio me iba a mi casa, prendía la tele y comía para ocultar mis problemas. Esto se convirtió en mi rutina y en tres años subí 30 kilos. Cuando entré al primer año de facultad, hice nuevos amigos y salir con ellos me ayudó a darme cuenta de que mi peso no era saludable y que me afectaba en mi vida diaria. Subir un par de escaleras me dejaba muy cansada y a ellos nada. Quise ir varias veces en el verano a una pileta con ellos, pero no me animaba a usar shorts ni bikini.

Finalmente, este año dije basta, empecé haciendo pequeños cambios, como desayunar y caminar más en vez de tomar siempre taxis, y al día de hoy ya perdí 10 kilos. En lugar de ponerme un número como meta, siempre pienso en las ganas que tengo de hacer este cambio para vivir una vida más plena. Al despertarme me siento con muchas más ganas de encarar el día. Cuando no tengo tantas pilas, pienso en los problemas de diabetes y enfermedades del corazón que tiene mi mamá a causa de su sobrepeso. Ella ya estuvo internada cinco veces y yo por nada del mundo quiero vivir situaciones como ésas ¡cuando sea más grande.