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El bronceado que puede poner en riesgo tu vida

Juli conoció de la manera más difícil lo perjudicial que puede ser usar camas solares. Fui por primera vez a una cama solar cuando tenía 11 años. Estaba en el equipo de hockey y mientras la mayoría de mis compañeras tenian un súper bronceado, yo tenía la piel ¡muy blanca. Cuando nos poníamos el uniforme, yo sentía que todos me miraban a mí. Decidí a ir a la cama solar para sentirme mejor con mi cuerpo. Cuando empecé la secundaria, iba en promedio 5 días a la semana. Llegué incluso a tener un abono mensual. Iba con tanta frecuencia que resultaba mejor comprar por adelantado las sesiones para que no me salieran tan caras. Un día, noté un lunar extraño en mi pierna.

Historia de enfermedades en adolescentes

En esas primeras semanas bajé mucho de peso, más de 10 kilos. En la escuela todos pensaban que me había vuelto anoréxica. Inventaban cosas sobre mí y eso me lastimaba. No quería ser distinta a las demás. Luchaba por aceptarme y estar en paz con mi cuerpo, pero me era muy difícil. La enfermedad me hirió la autoestima. Pero luego de unos meses y con la ayuda de mi familia entendí que mi cuerpo no dejaba de ser valioso por llevar consigo enfermedades en adolescentes. Comprendí que podia llevar una vida normal como cualquier otra chica, sólo que debería ser responsable con la medicación y los controles. También me enteré por ese entonces de que Nick Jonas es diabético y sin embargo es iun bombón y una súper estrella que va en busca de sus sueños.

Muchas chicas no están conformes con sus cuerpos por tener unos kilos de más o de menos, en mi caso la historia fue distinta. Mi problema no se trataba de una balanza, sino de una enfermedad, y eso también muchas veces puede hacer que no te aceptes como sos. Es por eso que quiero compartir esta experiencia con todas las lectoras y decirles que hoy, después de tanto renegar con mi cuerpo, estoy feliz de tenerlo tal cual es y aprendí a valorarlo. Hoy, gracias a que me acepté, volví a sonreír ¡como lo hice siempre.

La diabetes en adolescentes

Cuando empecé la secundaria me sentía cansada  todo el tiempo y sin fuerzas. Mi mamá y los médicos  pensaban que era el estrés por los exámenes, pero con el correr de los días mi estado empeoró. Necesitaba tomar agua todo el tiempo y empecé a tener náuseas y vómitos. Hasta que una mañana me desperté súper mareada y me desmayé. Mi mamá corrió a llamar a la ambulancia y al llegar al hospital me dejaron internada en observación. Luego de algunos estudios finalmente me detectaron el problema: era diabética. En el momento que me lo dijeron sentí que mi mundo se derrumbaba, no podía creer que esto me pasara a mí.

Sabía que los adolescentes diabéticos debían cuidarse mucho con la comida y controlarse permanentemente iy yo no quería eso para mí. Odié mi cuerpo y todo lo que me estaba pasando. Lo peor de todo es que el grado de diabetes que tenía era severo, con lo cual tuve que cambiar completamente mis comidas y pasar a ser insulinodependiente. Esto significa que todos los días me tenía que inyectar una aguja para mantener estable la glucemia, que es la cantidad de azúcar en sangre.