Probablemente te acordás de memoria todos los detalles de tu última ruptura, hasta la ropa que tenías puesta y la canción que estaba sonando en la radio. En la facultad la mayoría de las relaciones no terminan oficialmente. Los chicos en cuestión simplemente dejan de llamarte o mandarte mensajes. Ellos saben que es muy probable que no vuelva a verte y por eso no te lo dicen en persona. Vos tenes la misma libertad. Si saliste con un chico un par de veces y no es quien pensabas, deja de llamarlo. Evitas tener esa incómoda conversación que concluye en “es mejor que seamos sólo amigos.”
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Desde que lo vi sabía que me estaba exponiendo a los mismos problemas, pero no me podía imaginar ningún otro tipo de relación. Este chico tenía fama de acostarse con cualquiera y tiene problemas de alcohol, pero eso hacía que lo deseara aún más. Una noche, luego de dos años de estar juntos y llenos de peleas, una chica me agarró de los pelos en un boliche y me gritó que me alejara de él porque ella era su novia. En ese momento me di cuenta de que todos estos chicos malos tomaban todo el amor y la energía que podían de mí y nunca me daban nada a cambio.
Yo sabía que era una locura, pero me sentía poderosa haciendo ese escándalo. Era adicta al drama. Después de ese día se negó a atenderme por teléfono y me ignoraba por completo. Yo estaba desesperada por recuperarlo. Esa misma semana empecé a mandarme mensajes con su mejor amigo. Ni siquiera me gustaba, pero sabia que Tomás se iba a enterar y quería lastimarlo de la misma manera en que él me había lastimado a mí. Efectivamente, cuando Tomás se enteró de esto, una semana más tarde, pasó por mi casa en su auto, discutimos y, en vez de dejarlo ir, cuando arrancó me subí al asiento del acompañante y le rogué que me escuchara.
Nos gritamos, forcejeamos y hasta intentó empujarme por la puerta. La verdad es que esos momentos dramáticos en el fondo me gustaban porque pensaba que significaban que había amor y pasión entre nosotros en las peleas de novios. Creia que si mantenía esos enfrentamientos tan pasionales, siempre estaríamos juntos y nunca volvería a sentir la soledad que viví cuando me dejó Alejandro. Pero tarde o temprano las cosas tuvieron que llegar a su fin, él se cansó y desapareció de mi vida. Me sentía pésimo, pero muy pronto apareció otro chico malo.
Qué hace que los chicos malos sean los que más nos atraen. Una de nuestras lectoras nos cuenta cómo se enamoró, salió herida y aun así volvió a caer. Mucho antes de que Alejandro me rompiera el corazón, yo ya sabia que no era un buen chico. Estábamos en tercer año del secundario y él vivia metido en peleas. Eramos vecinos, así que se aparecía en mi casa a cada rato para descargarse de todos sus problemas. Eso me gustaba porque me hacía sentir especial. Empezamos a salir y pensé que estando conmigo podría cambiar y dejaría de ser tan violento. Pero al poco tiempo, cuando me negué a tener sexo por primera vez me dejó. No lo podía creer, estaba destrozada y lloré durante semanas.
Un año más tarde, cuando todavía estaba dolida por esa ruptura, conocía Tomás en una reunión. Sus tatuajes y su piercing en el labio lo hacían súper misterioso y sexy. Empezamos a salir, pero nos peleábamos todo el tiempo, incluso más de lo que me peleaba con Alejandro. Aun así, me parecía romántico, sentía que nos peleábamos tanto justamente por lo mucho que nos amábamos. Hasta que un día estábamos almorzando en un bar y empezamos a discutir porque Tomás estaba mirando a otra chica. El me insultó y me apretó muy fuerte la muñeca hasta hacerme doler. Estaba tan enojada que salí del lugar y le escribí te odio con un marcador en su auto.



